Enfoque experiencial, progresivo y grupal basado en improvisación teatral como dispositivo terapéutico
La metodología del taller se basó en un enfoque experiencial, progresivo y grupal, donde la improvisación teatral funcionó como dispositivo terapéutico orientado a la conciencia emocional, la regulación de estados internos y la construcción de seguridad psicológica.
Cada sesión se estructuró en cuatro momentos clave que permiten un trabajo profundo y sostenido de los aspectos emocionales y relacionales.
Los participantes identifican y expresan cómo llegan al taller, permitiendo la toma de conciencia del propio estado emocional y favoreciendo la empatía grupal.
Ejercicios de calentamiento con atención especial a la respiración como elemento de anclaje al 'aquí y ahora', facilitando la conexión cuerpo-emoción y disminuyendo la ansiedad.
Actividades progresivas orientadas a trabajar escucha activa, aceptación, adaptación a lo inesperado y cambio de roles, con enfoque en aspectos emocionales y relacionales.
Revisión del estado personal, valorando los cambios experimentados tras el trabajo realizado. Este contraste fue señalado como significativo para reconocer el impacto inmediato.
La consigna fundamental de que "no hay error" resultó crucial para disminuir la ansiedad de desempeño, especialmente relevante en personas con alta autoexigencia o miedo al juicio.
El carácter improvisado del trabajo —sin textos que memorizar— favoreció la participación y permitió a los participantes arriesgarse, expresarse y experimentar sin miedo al juicio o al fracaso.
Aprendizaje a través de la vivencia directa y la práctica
Construcción gradual de confianza y profundidad
Énfasis en la interacción, el apoyo mutuo y la cohesión
Un aspecto central fue el cuidado del clima emocional. La participación nunca fue obligatoria: se respetó en todo momento la decisión de no intervenir cuando alguien así lo necesitaba.